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Las redes sociales, factores clave para el éxito del emprendedor

El pasado 6 de octubre se celebró en Lorca el Día de la Persona Emprendedora 2011 y, entre las varias conferencias programadas, Paco Viudes habló del papel de las redes sociales en el éxito del emprendedor. ‘Lo que voy a intentar es que vuestro proyecto, vuestra idea, no acabe en una caja, sino que lo saquemos a la luz’.

Si te interesa este tema, te invitamos a ver el vídeo de la conferencia “Las redes sociales, factores clave para el éxito del emprendedor”.

Cuarta planta: loa y elogio de la comunicación oral

Ignacio Cóbreces

Gabinete de Comunicación INFO

Ilustración: Antonio Segado

Un capitán de barco sale de pesca, con cuatro marineros a bordo, iza las velas en la bocana del puerto, a la captura del bonito. En la bahía cercana pescan 9 peces que se dividen a partes iguales,  dos bonitos por pescador, aunque el capitán, como es lógico, se lleva tres. Cuando vuelven al puerto, dos de ellos entregan los peces a sus mujeres para que los cocinen, otros dos los cocinan ellos mismos, el quinto, que no es otro que el capitán, los guarda en la nevera. El profesor de lengua se la cuenta en un murmullo al primero de la fila, en la clase A de cuarto. Finales de los sesenta. Pasa por Candanedo, Catón, un servidor, Durántez. Siempre contada en un susurro. Con los labios pegados al oído para que el vecino no la oiga. Cuando el último de la clase la narra en voz alta para todos, la descripción original de la pesca es un batiburrillo incomprensible donde han aparecido cazadores disparando a los atunes, la barca se ha esfumado y el capitán se queda con todos las capturas. Y sólo somos 28 narradores los que nos hemos transmitido el cuento en menos de un cuarto de hora. A través de esta pequeña historieta que el padre Isidro Rubio, nuestro profesor de literatura en el internado, se ha inventado sobre la marcha, descubro a la vez que empiezo a desdeñarla, aunque entonces no sea capaz de denominarla en tales términos, la importancia, con sus innumerables problemas, de la comunicación oral.

Durante años, muchos, he creído en la supremacía de la comunicación verbal, pero la escrita, la claramente visible y palpable. Desconfiaba de los malentendidos, insoslayables, que generan los susurros al oido o los gritos estentóreos. Es cierto que las Sagradas Escrituras son ambiguas al respecto. En el principio era el verbo, dicen en el prólogo joánico, sin iluminarnos sobre si aquel estaba grabado a sangre y fuego en tablas de piedra o se refería, más bien, a las desinencias y morfemas que salen por la boca y se las lleva el viento. Después de todo, no resulta difícil imaginar cómo hubiera sido la versión final, sin subtítulos, si en lugar de veintiocho hubiéramos sido, digamos, ciento trece alumnos, quiero decir, asalariados en una empresa –imaginaria- del polígono del Oeste y las órdenes de la dirección se ciñeran a una difusión por el clásico método del boca a oreja. ¿Dónde hubiera terminado la mercancía si el gerente hubiera transmitido, por caso, de manera oral, que el camión cargado de generadores tenía que salir a las siete en punto del lunes hacia el puerto de Valencia?

Sin embargo, ha sido el signo de los tiempos, de estos tiempos donde nos abruman y abrumamos con twitters, “posts”, entradas en Facebook, correos electrónicos, whatsapp y otras parafernalias cuyo único origen y sólo destino es el teclado del ordenador, blackberrys, iphones y demás, lo que me ha terminado por convencer que la banalidad de la palabra por escrito es tan grande o mayor que la pronunciada. No será arrastrada por el viento, pero se la llevará el éter, quedará enterrada en alguna granja de servidores de Omaha, o en el parapeto de cualquier cortafuegos informático mediocre. Para el caso, lo mismo. Por aquí pasó y no hubo nada. Tantas veces la inanidad de teclear y teclear por el mero gusto de hacerlo.

En las cavernas, muchos años antes de que el hombre de Atapuerca desarrollara no se qué huesecico en el fondo del paladar que le otorgó la capacidad para vocalizar, sólo existía la comunicación gestual, visible, por signos, incluso gruñida, muchos siglos antes de que fuera pergeñada en la roca de las paredes. Incluso con la inevitable, ¿será algo congénito?, tendencia a la malinterpretación y los malentendidos que genera el lenguaje hablado, no estaría de más que en la disciplina, por otro lado tan ninguneada de la comunicación interna empresarial, tuviera mucha más cabida de la que tiene, la comunicación oral. Dicho de otra forma la personal, el “face to face” que dirían los fanáticos de los “tuiteos”. Menos correos,  menos tablones de anuncios, menos redes sociales, más diálogo, más palique: ¡la sinhueso al poder!.

Los yankis tienen una expresión para este tipo de comunicación inter empresarial: “la charleta del dispensador de agua”, por el espacio donde se produce. En la madre patria, desde Irún a la Gomera podríamos, con toda propiedad, denominarla como la “conversación del cortadito” (de café con leche, se entiende). Que los empleados de una empresa de la Serreta o Cabezo Beaza, sea con el café o con el agua, van a holgar mientras hablan, hablan y hablan de las dificultades por las que atraviesa su empresa, de lo puñetero que es el jefe de administración o las excelencias del nuevo embalaje, no sólo parece inevitable. Lo es. Ante la inevitabilidad, mejor sacar partido de ella.

Desde una gestión adecuada de la comunicación interna en el ámbito de una empresa, no importa el sector al que pertenece, se trate de un taller o de una multinacional, no habrá nada mejor que insuflar esas conversaciones, aparentemente banales, consideradas como mera cháchara y parloteo, con elementos y aspectos que redunden en beneficio de los operarios, de la empresa misma, en su conjunto, y de la propia dirección. Hay que crear el caldo de cultivo pertinente para que la fuerza, inevitable, de la transmisión oral tenga fundamentos y conceptos que permeen las conversaciones en la dirección de hacer piña, agrupados en torno en torno a las líneas estratégicas que la dirección considere más adecuadas. Que todos los miembros del mismo equipo de trabajo, incluso en el parloteo, aparentemente banal, se sientan integrados en idéntico proyecto de empresa. De lo contrario, las múltiples conversaciones derivarán hacia el anecdotario, cuando no hacia algo peor que termine por socavar la estrategia de la dirección y, en ocasiones límite, hasta la propia empresa.

En estos tiempos de redes sociales, aparentemente tan ubicuas, como inodoras e insípidas, por no decir absolutamente intrascendentes, rompo una lanza a favor de los medios tradicionales de comunicación, sin que sea necesario volver a los refunfuños del paleolítico, claro. Si en el principio era la palabra, también debería de serlo en el medio y al final. La palabra hablada, la que se lee en los labios, ésa que nos permite mirarnos a los ojos, balbucear en las distancias cortas y, sí, incluso esa que a veces, tantas, se la lleva el viento. La palabra transmitida en una reunión del equipo directivo de la empresa, en las instrucciones verbales del gerente al jefe del almacén, en el debate agitado de dos mecánicos que discuten, no precisamente por Facebook o Twitter, sobre como ajustar la tuerca que empalme dos soportes del motor.

La palabra hablada nos permite transmitir, de manera inigualable, las emociones del liderazgo, apuntalar con gestos y énfasis tónicos, donde tiene que esforzarse más nuestro equipo de trabajo, hasta gritar, sin usar las mayúsculas, cuando se debe desperezar a alguien. El verbo hablado permite asumir con más franqueza y celeridad las sugerencias de un empleado que por su temor (a que quede por escrito) apenas se atreverá a enviar un correo al jefe de producción o “colgar” un comentario en la red de comunicación interna. Pero entre cortadito y cortadito, sí.

Influenciados por las modas, muchas empresas desestiman la comunicación interna oral como una herramienta inútil, absolutamente innecesaria. Fieles seguidores de que lo escrito, escrito queda, desechan las virtudes del cara a cara como instrumento de gestión empresarial y optimización de los recursos. Sea una pyme de siete operarios, o una compañía de 2.000. Venga correos, venga avisos por escrito, anuncios en la página web, pasquines en las paredes del ascensor, edictos pegados en la puerta de entrada. El concepto de transmisión oral está dejando de existir en el ánimo de empleados, empresarios, o gestores, tan habilidosos y veloces, por lo demás, en el uso del teclado. Posiblemente porque no consideran la importancia estratégica que tiene la comunicación de toda la vida. He dicho bien, importancia estratégica, porque la táctica de enviar correos a destajo cuando se necesita arreglar un desaguisado interno o comunicar el renovado esquema organizativo sólo responde a emergencias de escaso recorrido.

Y sin embargo, la comunicación oral entre empleados, no sólo entre el empleador y el empleado, aunque también, y viceversa, puede resultar a la larga mucho más beneficiosa de lo que permitiría suponer la banalidad del espacio donde se produce. Así mientras las instrucciones las puede colgar el responsable de recursos humanos en el tablón de anuncios, como dicta la ley, es casi seguro que cuando se trata de un impulso colectivo éste va a tener su caldo de cultivo en las conversaciones que los miembros de la empresa mantengan entre sí. Delante de la maquinita de agua. Por eso, cuanto mejor se gestione ese contexto, tanto mejor para tener una respuesta adecuada, razonada y útil para encaminar la empresa hacia los objetivos diseñados desde la dirección. Es cierto que hoy en día con la panoplia de medios digitales de que disponemos, dar importancia a las conversaciones entre, con cabe, contra empleados / empleadores, sea en el bar El Chaflán o en el ascensor, parece poco recomendable, incluso cavernario. Pero lo cierto es que seguimos siendo animales dotados de habla, más importante aún, personas capaces de comprendernos –mejor que de ninguna otra manera- a través de la boca y los ojos.  Los soportes digitales están requetebien, pero al final lo que cuenta es el cara a cara. Vamos, el “face to face”.

(*) Las opiniones que pudieran derivarse del texto son las personales del propio autor y no tienen necesariamente que ver con las políticas oficiales del Instituto de Fomento

“El fracaso no existe, es una parte de nuestro aprendizaje”

¿Existe el miedo fracaso? ¿Nos paraliza esa sensación? ¿Podré eliminarla? A estas y otras cuestiones, Roberto Crobu, experto psicólogo de la empresa Öptima Coaching, se encargó de responder en la tarde de ayer durante el desarrollo de la conferencia ‘Cómo superar el miedo al fracaso’.

La introducción a esta charla corrió a cargo del jefe del departamento de Competitividad e Innovación Empresarial del Instituto de Fomento de la Región de Murcia (INFO), Javier Celdrán, quien resaltó que el motivo de “la baja tasa de emprendimiento en España está muy arraigada a nuestra cultura y educación” en la que redunda “tener mucho miedo al fracaso y demasiado sentido del ridículo”. Citó como país ejemplo a Estados Unidos donde el miedo al fracaso “es mucho menor que en España ya que lo consideran parte del aprendizaje”, concluyó Celdrán.

Ante un nutrido público de más de cuarenta personas, Roberto Crobu, se centró en una idea principal: “El fracaso no existe”. Para el experto en las situaciones de la vida, ya sea a la hora de montar una empresa, en el trabajo o con la familia, se tendría que cambiar la etiqueta de “fracasoporaprendizaje” ya que “el fracaso nos indica que el camino que hemos elegido no es el adecuado”, puntualizó.

Simplemente “el fracaso es un punto de vista de la realidad”, lo que existen son consecuencias de acciones. Para el experto “el fracaso es una construcción artificial, un juicio de una situación” y propone que “al eliminar ese juicio, eliminamos el fracaso”.

Además Grobu argumentó que el fracaso se encuentra unido al miedo, miedo a fracasar y a equivocarnos, “lo que nos paraliza y no nos permite realizar nuestros sueños”, agregó. Así asocia el miedo con un pensamiento autolimitador que actúa en tres niveles: emocional, intelectual y conductual pero no se da en estas tres dimensiones a la vez ni tiene por qué ser en todas, esto dependerá de cada persona.

Según Crobu, sentimos miedo ante el fracaso por varias razones, la principal es el pensamiento generalizado de que los términos ‘éxito’ y ‘fracaso’ nos califican como personas y “si fracaso no valgo nada”. Por su parte, el experto psicólogo propone para romper con el miedo ante el fracaso cambiar estos dos pensamientos: “En el subyacente del miedo al fracaso está la idea de que el valor de la persona es proporcional a sus logros” y la “inseguridad” al plantearnos si disponemos de “la solución única” olvidándonos de que para un mismo problema hay varias soluciones.

La solución. Crobu apuesta por un modelo de afrontamiento en tres dimensiones: siente, piensa y actúa, no tienen porqué darse los tres niveles ni tienen que ser simultáneos, dependen de cada individuo. En el sentir, el psicólogo propone técnicas de relajación, buena alimentación y depuración del cuerpo y del ambiente. En el pensamiento aboga por un ejercicio de reflexión en el que nos dejemos llevar por elementos positivos en nuestra mente. Y en la actuación apuesta por un plan de acción en el que nos marquemos un objetivo real y la estrategia de cómo conseguirlo.

Todas estas recomendaciones las expuso Crobu durante la charla que se desenvolvió en las inmediaciones del Centro Europeo de Empresas e Innovación de Murcia (CEEIM), organizada dentro del Programa YUZZ, y desarrollado por la Fundación Banesto junto al CEEIM.

En ella el psicólogo concluyó indicando que todos sentimos alguna vez miedo al fracaso pero podemos dejar de ser controlados y ser nosotros los controladores. Hay solución.

Gran éxito de participación en ‘E-stas?’: cómo tener éxito con una tienda on line

Conocer las nuevas oportunidades de negocio es toda una ventaja. Saber cómo tener éxito en su desarrollo es un logro. De eso trata ‘E-Stas?’, un evento, organizado por Inforges, al que acudieron cerca de 200 empresarios murcianos, todo un éxito de participación.

En ‘E-Stas?’ se informó a todos los asistentes de la oportunidad de negocio que supone la puesta en marcha de una tienda on line. Se les explicó que debido al desarrollo de las nuevas tecnologías el consumo tradicional está dando paso a un consumo vía Internet. Lo más relevante: que el negocio sea un éxito. ¿Cómo? Gracias a las ventajas de la puesta al día de una tienda on line que  permite tramitar todo de forma más ágil y sencilla.

En lo relacionado a la base legal para la implantación de un comercio electrónico, Cristina Giner, de Garrigues, explicó qué trámites se han de realizar de manera que no se incumpla ninguna normativa o legislación tanto en España como en el extranjero. En la jornada se mostró también un caso de éxito: Youpping. Pero ¿qué es Youpping? Es una nueva propuesta murciana de outlet on line con estrategias a seguir muy innovadoras.

Por parte de los numerosos asistentes hay que destacar que todos manifestaron un gran interés por los temas tratados. Además, expresaron su satisfacción por cómo se ha enfocado la situación económica desde un punto de vista más optimista, y por cómo se han mostrado soluciones de negocio eficientes.

Por su parte, el presidente del Grupo Inforges, José Antonio Planes, mostró su “gran agrado” ante el desarrollo de esta jornada. “Estamos muy contentos con el resultado del evento y sobre todo por cumplir con una de nuestras máximas, que es generar valor, y en esta ocasión hemos conseguido también ilusionar mostrando otras opciones y oportunidades disponibles en el mercado”, indicó José Antonio Planes.

Las entidades de la Región que unieron sus esfuerzos para poner en marcha este evento junto a Inforges fueron la Cámara de Comercio de Murcia, IBM, SAP, E-pages, Garrigues y Youpping.

 

Los nuevos servicios del Instituto de Fomento de la Región de Murcia

Nuevo Catálogo de Servicios INFO

La generación del nuevo Catálogo de Servicios del Instituto de Fomento de la Región de Murcia – INFO – ha sufrido un proceso muy complejo y meditado, ya que se ha tenido que abordar unas nuevas situaciones, tanto interna como externa a las que no habíamos hecho frente en los 25 años de vida de esta organización.

De la situación externa de crisis económica y financiera mundial, nacional y regional no vamos a hablar por suficientemente conocida y por miedo a que de tanto nombrarla se quede mucho tiempo con nosotros. La interna -la crisis del INFO – es consecuencia de las dificultades que están atravesando todas las administraciones y nosotros no somos una excepción, por más que no fuéramos concebidos y creados para ser un centro directivo más de la Administración Regional, pero de ella dependemos. Sin embargo, como Agencia de Desarrollo Regional, teníamos y tenemos la obligación de apoyar a las empresas existentes e impulsar la creación de empresas nuevas, más competitivas, más innovadoras, más internacionalizadas, más cooperativas, mejor ubicadas, mejor informadas y por qué no decirlo, mejor financiadas.

Para lograr esta catarsis ha sido preciso poner manos a la obra y definir un “nuevo modelo de negocio” – entiéndase modelo de intervención – del INFO con el concurso de todos los profesionales de la organización, cuya valía está más que acreditada con una contundente hoja de servicios al empresariado de la región y una experiencia reconocida a nivel nacional e internacional. Se trataba, pues, de hacer frente, como Agencia de Desarrollo Regional, al nuevo escenario económico con un nuevo INFO.

Este nuevo modelo de negocio del INFO hace foco, más que nunca, en el CLIENTE y adecua sus actuaciones a las necesidades del mismo, poniendo en marcha acciones que están basadas en el conocimiento, la creatividad, la innovación y el cambio permanente y concentrados en un limitado número de áreas de actuación en las que estamos altamente capacitados: Internacionalización, Innovación, Emprendimiento, Cooperación, Información y Suelo Industrial y así poder ofrecer a las empresas de la Región de Murcia Servicios que les permitan mejorar su competitividad empresarial, y como consecuencia, obtener un mejor posicionamiento en el mercado global.

Son objetivos estratégicos de este nuevo modelo de negocio:

  • Crear empresas para crear empleos.
  • Consolidar tejido empresarial.
  • Innovar para ser más competitivos.
  • Cooperar para crecer y competir mejor.
  • Internacionalizar los negocios, y
  • Atraer inversiones tractoras.

Además estos objetivos pretendemos alcanzarlos mediante un rotundo cambio de cultura corporativa en la que la orientación al CLIENTE es fundamental, la simplificación administrativa es real, el control de gestión interna es eficaz y eficiente y los servicios ofertados son de carácter personalizado, de alto valor añadido y efectivos para las empresas y los emprendedores.

Hemos implantado un Sistema de Gestión Interna que nos permite, en todo momento, medir la eficacia de nuestras actuaciones (servicios, proyectos, gestión de expedientes…), la eficiencia con la que las realizamos (a qué coste) y nuestra productividad interna, de forma que seamos más transparentes en nuestra gestión hacia nuestro accionista (el contribuyente). Además hemos implantado un plan de formación interna permanente y obligatoria para todo nuestro personal.

En materia de simplificación administrativa nos hemos marcado como metas: la plena integración de la e-Administración, el objetivo de “papel 0” en el año 2013, la puesta en funcionamiento de la plataforma express para la creación de empresas, la activación de gestiones con otras administraciones y una actitud mucho más proactiva.

En cuanto a la nuestra total orientación al CLIENTE hemos creado un Departamento Comercial que establecerá puentes entre la organización y nuestros clientes, hemos activado un Front Office de atención al público con horario de empresa y una evaluación permanente del grado de satisfacción de nuestros clientes.

Todo lo anterior se ha  desarrollado para ser garantía en la prestación  de los servicios contenidos en nuestro Catálogo que han de servir para dar respuesta a los retos de las empresas, ser eficientes y productivos, ofrecer una gestión de trámites más fácil a las empresas y ofertar unos servicios efectivos, personalizados, de valor añadido y de calidad.

Cuarta planta: De la virtud de la tenacidad y el instante (*)

 Ignacio Cóbreces

Gabinete Comunicación del INFO

Ilustración: Antonio Segado

Ilustración: Antonio Segado

El señor Basilides era lechonero. Poco antes de proclamarse la II República, casi adolescente, comenzó a recorrer las ferias del norte de la meseta. Un peregrinaje anual que le llevaba por los pueblos, generalmente los que eran cabeza de partido, donde se celebraban las ferias de ganado emparejadas a santos patrones y advocaciones marianas. El recorrido empezaba en Las Candels, principio de febrero, en la montaña, y terminaba con junio, el día de San Pedro, entre los terracampinos. Hiciera frío, diluviara, bajo el sol abrasador o soportando los cierzos, no se perdía ni una. Le iba en ello la vida. A diferencia de los pequeños minifundistas con los que comerciaba, su único peculio era el carro de varas, la mula que lo arrastrabay los gochos con los que traficaba de mercado en mercado. Aquí cambiaba uno recién destetado por un saco de cebada, en la siguiente el saco de cebada por una marrana, más tarde, las crías por un verraco.

De trueque en trueque –sobre todo negociaba, el matriarcado al poder, con las castellanas viejas, a quienes atribuía tan grandes virtudes comerciales como honradez en las transacciones- no cejaba en su empeño, una vez que la señora se acercaba al carromato, en la posguerra viajaría con una de las primeras camionetas Ford existentes en la región, para que una vez entablada la negociación, llegar hasta el final. Jamás de los jamases dejaba las cosas a medias, nunca decía “ya lo veremos otro día, señora” o “piénselo Ud. mejor mañana”. Entre otras razones porque podía pasar un año hasta el “mañana” de la siguiente feria. Paradigma de la tenacidad al instante. El Sr. Lides utilizaba otra expresión menos sofisticada, más testicular, tan nítida como irreproducible, para describir la constancia en el aquí y ahora. Muchos años después, mediante una extraña metáfora, afirmaba que tratar con una clienta, por terca que ésta fuera, era como regar las patatas en la huerta: el agua tenía que llegar, costase lo que costase, incluso con el surco en ligera pendiente, hasta el final. Si no les llegaba el agua, las patatas en flor terminaban por marchitarse. Siempre había que llegar al límite. Hasta la linde.  Y ya, no le servían las demoras. Era perseverante en todo, fuere para acudir a los entierros, encabezar las procesiones o discutir sobre el franquismo. Hasta para seguir cenando sopas de vino con ochenta años.

Cuando paso por el “hall” de entrada del INFO y veo jóvenes aspirantes a emprendedores –sea por necesidad o inspiración- que vienen a informarse sobre los trámites y pasos necesarios para poner en marcha un negocio me viene a la mente la terquedad del señor Lides y me pregunto cuántos de ellos tendrán capacidad y, sobre todo, la voluntad para regar el surco del emprendimiento, siempre y sin dilaciones, cuando éste se ponga cuesta arriba. Porque, indisolublemente, la tenacidad va de la mano de la inmediatez. El paso del tiempo, dejar que las semanas discurran, que pasen los meses cuando las dificultades aparecen, parece la contradicción perfecta para la tenacidad. Amén de que el tiempo pudre los mejores propósitos y carcome los afanes más sólidos (¿Séneca?). Emprender, echarse a nadar, una vez que se ha tomado la decisión de tirarse a la piscina, por grande o pequeña que sea la empresa, requiere llegar hasta el final, por lo menos intentarlo, de inmediato, sin esperar al día siguiente.

Entre las muchas virtudes que, con toda certeza, atesoran los jóvenes y algunos menos jóvenes que esperan impacientes, con la carpeta llena de papeles y el identificador de visitante al cuello, es deseable que gocen  de la  virtud de la tenacidad, de otro modo será complicado, sino imposible que salga para adelante. Por muchos planes de negocio que uno haga, por muchos trámites burocráticos que se cumplimenten, si se carece de obstinación, si no se es obcecado hasta el remate, resultará imposible ir lejos. Se puede tener mucha, muchísima ambición, pero si no se apoya uno en la palanca de la tenacidad, el salto será en el vacío (¿Sócrates?). Con frecuencia, para más señas, sin redes de seguridad. Todos los esfuerzos, por loables que sean, caerán en saco roto. La terquedad, habitualmente considerada como un defecto en las relaciones sociales, es un plus ineludible para quien se inicia en el mundo de los negocios. Y para el caso, en cualquier proyecto. De otro modo, si no se pone la fuerza de voluntad para llegar hasta la orilla, los esfuerzos, el empeño, los recursos económicos y el tiempo empleados hasta el momento del abandono se transformarán en relicarios para el osario de las buenas intenciones (¿Schopenhauer?). Pero absolutamente nada más.

Si ante el primer gerente, incluso ante el cuarto, de la entidad financiera que persiste en no avalar nuestro proyecto se inclina la cerviz y nos entregamos con bagajes y armas al enemigo de la inconsistencia, más nos valdría no haber empezado (¿San Mateo?). Siendo de letras, me resultan bastante incomprensibles las fórmulas matemáticas pero ésta, aunque no la entienda, me gusta:

En la ciencia de los materiales, la tenacidad es la energía total que absorbe un material antes de alcanzar la rotura por acumulación de dislocaciones. O lo que es lo mismo, los obstáculos que tiene que soportar un emprendedor, por utilizar un símil deportivo, para “no romperse”. Y como virtudes complementarias: maleabilidad, resiliencia, sectilidad, ductilidad, flexibilidad, elasticidad. Dije que era de letras. Me resulta más comprensible el origen etimológico de tenacidad, con la raíz indoeuropea –ten (tender o estirar) de donde proceden tantos vocablos en castellano, vía el latín, tenacitas, como signo del empeño, la constancia, la obstinación: ten-er algo y no soltarlo, dominarlo como en ten-edor, ten-aza, manten-er y conten-er.

“!Sos-tén, xxx, sos-tén!”, grita mi abuelo, refiriéndose al ronzal del aparejo de la mula, mientras él intenta desatestar la rueda, embarrada hasta la maza, en medio de una gélida ventisca de nieve. Los veinte kilómetros caminados desde las cuatro de la mañana resultarán inservibles si no alcanzamos el fielato del mercado de Lerma que se divisa en la lontananza. El trayecto iniciado se lleva hasta el final porque mientras no se alcance la meta, todos los esfuerzos realizados con anterioridad habrán sido en vano. Sólo cabe la porfía y la obcecación ante los problemas que inevitablemente surgirán. En los atolladeros, perseverancia, ante las contrariedades, firmeza. No pararse, seguir nadando.

Le encantaba, para subrayar la importancia de la tenacidad, contar la historia (¿Samaniego, Iriarte?)  de las dos ranas que cayeron en una tinaja conteniendo leche. Aunque eran buenas nadadoras, después de un tiempo empezaron a cansarse. Y cuando intentaron salir, descubrieron que estaban muy lejos del borde como para alcanzarlo de un salto. Una de las ranas se desesperó. No puedo más, jadeaba, no saldremos vivas de aquí. Resiste, resiste, le respondía la otra. Ya encontraremos una salida. No debes abandonar. Sigue nadando, busca mantenerte a flote. Un rato más tarde una de ellas renunció a continuar esforzándose, y se hundió. Su valiente compañera siguió nadando, con la energía que da la confianza en sí misma. Y tanto nadó y nadó, que la leche comenzó a cuajarse por el batido de sus patas hasta convertirse en sólida mantequilla. Y en ella pudo hacer pie para dar el salto que la sacó de la trampa.

El señor Basilides nunca oyó hablar de un tal Colin Powell que decía “no hay secreto para el éxito, éste se alcanza preparándose, trabajando arduamente y aprendiendo del fracaso”, tal y como se deletrea en el hall de entrada al INFO donde entre inquietos y tímidos esperan nuestro apoyo y consejo los emprendedores. Pero no le hubiera gustado, seguro. Detestaba a los generales y más si hubiera sabido que el fracaso al que se refería Mr. Powell era la desastrosa guerra de Irak. Mi pequeño deber de emprendedor, ya, aquí y ahora, en honor a la tenacidad de mi abuelo, será convencer al director para que la sustituya por esta otra que él usaba con frecuencia, aunque nunca dijo de dónde la sacó: “La ambición es el camino al éxito, la tenacidad, el vehículo en que se llega”. A precisar que se ceñía a la literalidad y sustituía vehículo por carro. Aunque ya de puestos, le voy a sugerir que la ponga en portugués, que suena incluso mejor: “Ambição é o caminho para o sucesso. Persistência é o veículo no qual se chega lá”. Cualquier día de éstos. ¿Cualquier día de éstos? Espera, que pasa hacia su despacho.

 

Ignacio Cóbreces

(*) Las opiniones que pudieran derivarse del texto son las personales del propio autor y no tienen necesariamente que ver con las políticas oficiales del Instituto de Fomento

Innovo, luego existo (I)

¿Qué es la innovación? Se habla mucho de I+D y, sin embargo, parece que en muchas ocasiones no hemos entendido del todo qué es o qué puede aportar a nuestras empresas. Por ejemplo, ¿debo ser una gran empresa para innovar? No.

Esta es la primera de varias entradas que irán destinadas a explicar qué es la innovación, con ejemplos prácticos, para entender y valorar su rentabilidad. También compartiremos testimonios de empresarios murcianos que ya han apostado por la innovación y pueden servir de guía o motivación para otros.

Para empezar, hemos encontrado estos dos vídeos que son breves y creemos que explican de manera acertada la cadena de la innovación empresarial:

Que las ideas se conviertan en un valor para las empresas (tanto dentro de la organización como fuera) —–> Que esas ideas y valores nos permitan ser creativos, porque mediante la creatividad encontraremos las soluciones para avanzar —–>  Encontrar la solución nos genera el beneficio.

 

¿Qué es innovar?

¿Qué es la innovación?

Para todos aquellos que queráis subir al tren de la innovación, os invitamos a que nos sigáis y os recordamos que en el Catálogo de Servicios del INFO hay un área específica para I+D que, incluye, entre otros, un servicio de auditoría y diagnóstico de la innovación.

Hasta la próxima entrada, os dejamos con una reflexión. Si en ciertos sectores ya no podemos competir por precio, ¿significa que ya no podemos competir?

Cuarta planta: ¿Es la exportación fruto de la pura casualidad? (*)

 Ignacio Cóbreces

Gabinete Comunicación del INFO

Ilustración: Antonio Segado

Siempre me ha fascinado el argumento, aunque la película no va muy allá. Pero como ávido fan de Viola de Lesseps desde que Shakespeare se enamoró de ella, esto es, de Gwyneth Paltrow, “Dos vidas en un instante” me viene siempre a la memoria como ejemplo perfecto de lo que puede suceder en la vida de una persona. En realidad, en el destino de cualquier persona y, por extensión, de cualquier empresa, organismo o institución para que a partir de un acontecimiento aparentemente banal, la vida termine zigzagueando hasta horizontes completamente insospechados. En el caso de mi querida Gwyneth, Helen en la ficción, el punto de no retorno son los dos segundos que le faltan, o le sobran, depende de cómo se mire, antes de que las puertas se cierren y, como resultado, entre en el vagón o se quede cariacontecida en el andén del metro londinense. El título lo dice todo, a partir de ese preciso instante su vida dará tumbos imprevisibles. Justamente por dos segundos de nada. ¿Y si hubiera bajado más deprisa las escaleras? ¿Y si no se hubiera entretenido en la calle hablando por el móvil? ¿Y si el tren hubiera salido dos meros segundos más tarde desde la estación precedente? ¿Y si…? Tantos condicionales como la vida misma, hasta el infinito. Y más allá.

En enero de 1993 no tenía ni la más remota idea de quien era Gwyneth Paltrow. JETRO, el organismo de comercio exterior que por presiones de los estadounidenses estaba cambiando de chaqueta y de punta de lanza de las exportaciones japonesas promovía ahora, para asombro de propios y extraños, las importaciones, había gentilmente prestado una oficina al Instituto de Fomento en Yokohama. Era la época en que los americanos temblaban ante el gigante asiático (compra de Columbia Pictures, del Rockefeller Center, etc.), así que los sagaces nipones se lavaban la cara con pequeñas concesiones para la galería mediática, mientras Toyota se expandía, imparablemente, por Oregón e Indiana. No que a nosotros nos importara mucho, después de todo la oficina, nuevecita, a estrenar, nos salía gratis. ¡Hasta insistieron y persistieron en que la ocupáramos, en que aceptáramos el caballo regalado! Nosotros, ni siquiera le miramos el diente. Cierto, era tan diminuta que apenas había espacio para pasar, de perfil y puntillas, hasta la segunda mesa, donde se sentaba Miss Yanagi, Masako, la asistente. La región de Murcia tenía una oficina en el País del Sol Naciente. Aquello sonaba bien, muy bien y a bastantes empresas murcianas el mercado les resultaba atractivo. La China estaba en el porvenir. Bromeábamos como si ya fuéramos una multinacional del perfume, Murcia, Dubai, Tokio (aunque en realidad fuera Yokohama). Para extender los olores de la huerta murciana a través del mundo.

 No teníamos ordenadores, salvo un armatoste con el que Masako se peleaba para escribir en japonés y yo, por turnos, un castellano sin eñe ni acentos, en MS Dos o algo parecido. Era, por el contrario, la época dorada del fax. A los dos días de instalarnos, la maquinita, ¡cómo no!, cedida por mamá JETRO,  de forma inesperada perdió la virginidad de su impresión térmica (si no se leía al instante, la impresión, en un par de horas se desteñía, hasta terminar por desvanecerse). Era un rulo de papel y el tironcillo para arrancar el mensaje de las entrañas del rodillo nos supo a gloria. Miss Yanagi, no exagero, casi se echa a llorar.  Nuestro primer mensaje. ¡Funcionaba! Alguien, en un inglés macarrónico, apenas comprensible, para nada parecido al enamorado bardo de Viola de Lesseps, empleado de una empresa llamada Hanamasa, inquiría si le podíamos hacer una oferta de vino.

Ni Masako, ni yo teníamos la menor noción sobre si podíamos hacer una oferta de vino. A mí me sonaba, como se suele decir, por la prensa, que en Murcia había una empresa muy grande, García Carrión, que se dedicaba al negocio vinícola. En cuanto a Hanamasa, con el apoyo de Jetro, conseguimos averiguar que era una empresa de tamaño medio, medio para los estándares locales, especializada en comercializar carne australiana y Angus Beef yanki a grandes distribuidores especializados en restauración. Aquel triángulo comercial prometía más bien poco, una empresa cárnica, solicitando cotizaciones de vino a una oficina del gobierno regional perdida en la inmensidad del mapa de la mayor aglomeración del mundo. La formulación de la demanda era, cuando menos, pintoresca. Cualquiera que conozca a los japoneses sabe que cuando hacen un encargo sólo les falta detallar el nombre de los bisabuelos o la fecha de sus bodas de plata. Por cultura, se sienten obligados a precisar hasta lo imprecisable. Por escrito, verbalmente es otro cantar. La letra del facsímil, que se difuminaba a ojos vista, resultaba bien escueto: “an offer wine in bulk”. ¿In bulk? ¿A granel, tinto, rosado, graduación, cantidad, marca, variedad, envase, formato? ¿De qué cerezo en flor se había desplomado Sakamoto san, firmante del susodicho mensaje? Más difícil de responder todavía, ¿por Odín, cómo diantres había dado con la flamante Oficina de la Región de Murcia en Japón? Porque ni en la sede central de García Alix conocían todavía nuestro número de fax.

¿Dónde vamos con esto, Masako, buena mujer? Tal cual agarré el fax, como quien dice salido del horno, estaba calentito, lo hice un rebujón y a la papelera. Eran los tiempos donde nuestro seso estaba absorbido en la organización de  un grupo exportador de mueble de Yecla. Por entonces, desde el punto de vista comercial, no existía China, y los valencianos estaban arrasando, no iba a ser Murcia menos. Como la superficie de la oficina era tan exigua, no significó ningún esfuerzo encestar, al primer intento, el fax de Hanamasa en la recién estrenada papelera. De Jetro, claro. Masako, como buena japonesa, no era, ni es, una persona que se rinda fácilmente. No será la falta de constancia uno de los vicios de sus compatriotas, menos aún el suyo. Si el objetivo es enfriar la vasija derretida  de Fukushima, se enfría, si hay que vender vino de Murcia, se vende. Siempre se llega hasta el final de lo que se empieza. Aunque no se puede decir que aquí hubiéramos avanzado mucho en nuestro negociado. Así que por las mismas recogió el fax, lo alisó y se propuso cerrar una cita para que la petición de Sakamoto san no cayera en papelera nueva.

A la primera dio con el susodicho Sakamoto San, lo que en mi modesta experiencia de las prácticas comerciales representaba un mal augurio. No secretarias para coger el teléfono, no empresa buena. Pero la celeridad con la que la modestísima oficina de Murcia le respondió, aparte de pillarle por sorpresa, sirvió para adelantarse a todos nuestros competidores. A la semana siguiente nos enteramos que el fax había sido en realidad una circular enviada a todos los responsables de las oficinas comerciales autonómicas, patrióticas, estatales y demás. El caso es que, llamamos en el momento exacto ¿o fue pura casualidad? porque nos dio cita al DIA siguiente por la tarde. Otro signo de mal fario, conseguir una cita con menos de una semana por delante, en Japón, es tan raro como ser puntual en Mali. Pero lo importante, azares aparte, era aprovechar aquella oportunidad. Todo hay que decirlo, la primera y la única.

Sus oficinas estaban en Kita-ku, al otro lado de la bahía, en el extremo norte de Tokio, donde Buda perdió las chanclas, el mechero o como se diga. Un poco más y tenemos que coger el tren bala para llegar a encontrarnos con Sakamoto san. Tres cambios de metro, un par de taxis, dos trenes de cercanías y tres horas más tarde y no poco esfuerzo, allí nos tenía el Sr. Sakamoto, en cuerpo y alma,  para desgranarle las excelencias del tanino en los caldos murcianos.  Así que nosotros, comerciales novicios, estábamos cumpliendo con otra regla esencial del buen negociador. Hacerlo cara a cara.  Presencialmente, que se suele decir ahora, en estos tiempos virtuales de Internet. Tenía, y ya es decir, bastante menos idea de vino que  nosotros. Su plan era muy sencillo. Como tenía acceso a ciertos grandes distribuidores de restauración ofrecerles sus solomillos junto con el vino español. Que no tuviera idea de vino, no quiere decir que no entendiera del precio al que había que venderlo. Exactamente a 115 pesetas, lo que restando restando transporte, aranceles y otros centimillos del escandallo, significaba que la compra debía efectuarse a menos de 35 pesetas.  Y ganar dinero, de eso se trataba. Sin quererlo, ¿al albur? habíamos palpado el santo grial del negocio de la exportación: oportunidad, constancia, rapidez, esfuerzo y servicio personal.  Aparentemente y no necesariamente en ese orden.

En un par de semanas, nuestro querido Sakamoto san estaba en Murcia. Lo que más le gustó fue el Centro de Artesanía, recién estrenado, y La Mejillonera de la plaza Belluga. No es que tuvieran que ver una cosa con la otra, menos aún con el vino, pero los clientes siempre tenían razón, aunque Steve Jobs no esté de acuerdo. En cualquier caso, visitó, en un par de días, unas cuantas bodegas. En una de las visitas descubrió, tardó semanas en asumir que en un tetrabrik se pueden meter más cosas que la leche, el vino en cartón. La celeridad de Masako fue perfectamente complementada por mi amigo Paco que antes de que aterrizara en Narita ya le había pasado su cotización. La guinda que nos faltaba: un precio competitivo. A los veintiún días del primer repiqueteo de nuestro fax, en el ínterin ya había sonado más veces, el “pedío” de Hanamasa lo hizo sonar de nuevo. De una tacada, como quien pide un chato en el bar de la esquina, Sakamoto san se descolgaba con 5 contenedores. Por si cabía alguna duda, puntualizaba que tenían que ser HQ. No recuerdo bien pero creo que en cada uno caben como 1.200 cajas de vino, por 12 botellas, perdón 12 cartones, etc. La carta de crédito abierta al fin de la semana disipaba todas las dudas sobre las magníficas intenciones de Hanamasa.

En unos pocos meses, el volumen ascendió tanto que en Espinardo se las veían y deseaban para dar abasto a Hanamasa. Como medio año después, ¿por accidente? entré en los grandes almacenes, Tobu de Shibuya, refinado y elitista como pocos. En la sección de licores, desparramados por el suelo en un arriesgado intento de escaparatismo de superficie me encontré con el Tío de la Bota, en cartón, por supuesto, al lado de algún perdido Rioja, los grand crus de Burdeos y sofisticados guisquis escoceses. A 115 pesetas (su equivalente en yenes). El rioja, marca Siglo en saco de yute, se iba por las 1.000 rubias, el de los burdeos era obsceno.

Las siguientes estadísticas anuales de JETRO (¿de quién si no?), en la Oficina Comercial española no se lo podían creer, ponían a Capel Vinos como el exportador europeo, de hecho mundial, número 1 por volumen y, como consecuencia, los rankings de España llegaron, siempre en volumen, a superar a los de Francia. Todo gracias al excelente precio ofrecido por nuestro amigo Paco, a la diligencia de Masako, a la rapidez en la respuesta, a que nos decidimos a cruzar Tokio de punta a punta, a… O ¿fue todo un accidente, fruto de la fortuna?

Me pregunto, unos cuantos años después, si todo hubiera resultado igual, en el caso de que me hubiera encontrado en el andén con mi querida Gwyneth… no, se me ha ido el santo al cielo, quería decir, en el caso de que mi apreciada Masako no hubiera tenido la intuición de coger el fax de la papelera, en el caso de que no hubiera llamado de inmediato a Sakamoto san, en el caso de que…

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(*) Las opiniones que pudieran derivarse del texto son las personales del propio autor y no tienen necesariamente que ver con las políticas oficiales del Instituto de Fomento

¿De dónde vienen las buenas ideas?

Queremos compartir este vídeo que, si bien no es actual (tiene ya un par de años), la reflexión sigue más que vigente. ¿De dónde vienen las buenas ideas? ( “Where Good Ideas Come From”, Steven Johnson).

Y es que los ‘momentos Eureka’ no son casualidad, sino fruto de un amplio engranaje en el que, según el escritor, toma un especial protagonismo el ambiente. Sí, el ambiente fomenta y hace elevar los niveles de creatividad e innovación.

Os dejamos con el vídeo, cuatro minutos de interesante reflexión y con una presentación muy visual.

 

Damos las gracias a Fernando Ballesta, Jefe del Departamento de Internacionalización e Inversiones del INFO, por habernos recomendado este resumen del libro que también lleva por título “Where Good Ideas Come From”.