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Archivo del 15 abril, 2013

“¿En qué eres bueno? Piénsalo bien, porque ese es tu motor”

Si nos hicieran la pregunta “¿Quién quiere diferenciarse de su competencia?”, todos levantaríamos la mano; tanto las empresas de larga trayectoria como los profesionales que empiezan a definir su proyecto quieren tener un valor añadido que les ayude a desmarcarse. Pero para poder llegar a desarrollar esa estrategia, la pregunta previa sería: “¿Quién se ha parado a reflexionar?” Y entonces seguro que el número de manos alzadas sería menor.

Carlos Vicente Caballero, socio fundador de Motivia, mantiene que la reflexión es el primer paso para definir una estrategia, y así lo explicó en el taller “Desarrolla tu estrategia para diferenciarte de la competencia” impartido en el marco de las Píldoras Formativas del INFO.

Para quienes no tuvieron la oportunidad de asistir, en esta entrevista Carlos nos cuenta los principales ejes a tener en cuenta para que un proyecto tenga éxito.

 

Para diferenciarnos de la competencia, para reenfocar nuestro proyecto empresarial, ¿qué pasos debemos seguir?

Son tres pasos y son los mismos tanto para el reenfoque empresarial como para el desarrollo personal: reflexión, proyección y plan de acción. Y en este caso el orden de los factores sí altera el producto.

El primero: la reflexión. Saber qué es mi empresa, cuál es su ADN, quién es mi cliente real (no el que yo he pensado que quiero que sea, sino el que es) y qué necesidad cubro son algunas de las variables que debemos tener muy claras para un correcto punto de partida.

Vivimos en un mundo muy acelerado en el que la gente no reflexiona. ¿Qué te preocupa?, ¿qué problemas debes afrontar?, ¿cuáles son tus debilidades y tus fortalezas?,  ¿cuáles tus propuestas de valor? Si no te conoces a ti mismo ni conoces a tu empresa, no podrás ver dónde puedes diferenciarte.

El segundo: la proyección. Visualiza en qué empresa te quieres convertir, en qué se diferencia de la competencia y cuál es tu propuesta de valor. Es importante hacer este ejercicio porque, por ejemplo, nos ayudará a detectar océanos azules, es decir, a generar valor a través de la innovación. Y ojo, innovar no tiene por qué ser caro.

Pongo el ejemplo de una peluquería, que ofrece un producto para niños pero en realidad su negocio está dirigido a las madres. Habilitan un espacio donde los niños pueden jugar, pintar y estar entretenidos, que es una de las principales dificultades que tienen las madres cuando quieren ir a la peluquería pero los niños, al aburrirse, acaban “montando un numerito” y ellas apuradas. El corte de pelo de los niños dura muy poco tiempo, son las madres el público real de la empresa, que pasan un par de horas tranquilamente, disfrutando de un rato para ellas, y el niño está además entretenido. ¿Y cuál es el coste de implantación? Supongamos que unos 200€ en material para acondicionar ese pequeño espacio infantil.

Por lo tanto, si haces la reflexión y proyección correcta antes de ponerte en marcha, tendrás más probabilidades de éxito y de diferenciación.

El tercer paso es el plan de acción. Uno de los errores más comunes es echar a andar sin conocer nuestra empresa ni a nuestros clientes. Además, suele ir acompañado de otro error, y es no saber qué te motiva.  Como decía Mario Alonso Puig  “El 80% del éxito es tener un buen motivo y el 20% averiguar la manera de ponerse en marcha”.

¿Dónde está tu motivación? Si quieres ponerte en marcha para hacer algo que en realidad no te gusta, jamás podrás ser competitivo.

¿Por qué es tan importante la motivación? ¿Cuál es su papel?

Cuando hay motivación, eres competitivo. Si a mí me encanta mi trabajo y leo por las noches libros sobre neurociencias, y lo hago porque me gusta aunque también lo pueda después aplicar a mi faceta profesional, ¿cómo va a competir conmigo una persona que se dedica al mismo campo que yo pero no le gusta?

Y es que la motivación es clave para lo que llamamos energía útil.

Energía útil = motivación * foco de atención

Si tengo motivación por algo, necesito menos energía para ponerme a ello; y si tengo un foco no me despisto, por lo tanto no la malgasto.

No olvidemos que también nos motiva aquello en lo que somos buenos. ¿En qué eres bueno? Piénsalo bien, porque ese es el motor.

¿Nos tiene que gustar nuestro trabajo?

Sí con mayúsculas. Es en la parte de reflexión, en el primer paso, cuando debemos ser sinceros, parar y preguntarnos qué es lo que nos gusta y se nos da bien. Si la respuesta es cocinar, ve a por ello. Y es que otro gran error es definir una estrategia por lo racional o intelectual y no por nuestras capacidades; en todo proyecto hay un componente humano y no lo podemos obviar.

Creemos que lo que nos gusta no puede ser un trabajo y así no podemos competir con los que sí aman su profesión. Ahí está el paradigma: trabajo en algo que no me gusta pero si no me gusta mi trabajo no puedo competir porque no me motiva invertir mi tiempo en algo que no me interesa.

Todos buscamos éxito en nuestros proyectos. ¿Qué debemos tener en cuenta?

Yo hablo de factores clave de éxito y factores mínimos de éxito. Los factores clave son aquellos que te diferencian y además aportan un valor real. Los factores mínimos son aquellos que no son importantes pero si no los diera, tendría un problema. Mejor lo explico con un ejemplo siguiendo la línea de los niños del caso anterior.

Imaginemos un centro comercial donde hay un restaurante que tiene dentro una zona exclusiva para que los  niños jueguen, con piscina de bolas incluida. Si yo soy el dueño del restaurante, ¿quién es mi público, quien vaya al centro comercial y quiera comer? No. ¿Quién es mi competencia, los otros restaurantes? No. En este caso el factor máximo de éxito es que yo como padre elijo ir ahí porque va a ser el único rato en el día en el que voy a poder hablar con mi mujer. Nosotros comemos y charlamos, los niños juegan y todos nos relajamos. Y el factor mínimo es que la comida sea comestible. No espero un gran menú ni una gran calidad, con que cumpla lo básico me compensa. Por lo tanto, la diferenciación del negocio no se basa en la comida, que sin embargo es lo primero que presuponemos que debe tener en cuenta un restaurante.

¿Qué consejo darías a quienes se estén planteando reinventar su carrera o su empresa?

Por un lado, piensa y ponte en marcha. Al final, son los cambios los que nos hacen salir de la zona de confort y para cambiar hay que trabajar la motivación y las capacidades. En realidad se trata de entender que la vida es una mejora continua. Cuando una idea es buena, se copia, siempre habrá alguien que nos copie, por lo tanto siempre habrá que innovar y seguir luchando por diferenciarse, consiguiendo que la barrera de entrada no sea tan baja. La innovación debe ser parte del ADN de cualquier proyecto.

Por otro lado, seamos conscientes de que vivimos en la era colaborativa. Ser el llanero solitario ya no se lleva, ahora es el momento de aportar valor, trabajar la marca personal y relacionarse con el entorno. Las nuevas coordenadas del mundo empresarial son tu valor y tu capacidad, no sólo la formación que refleje tu curriculum vitae. Esto nos llevará, por fin, a un sistema meritocrático: no puedes engañar durante mucho tiempo a mucha gente.

Conclusión: aporta valor a tu entorno.