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“LA COLABORACIÓN ENTRE EL SECTOR PÚBLICO Y EL PRIVADO EMPIEZA A FUNCIONAR”, Antonio José López, del IMIDA

Antonio López, IMIDA“La participación de las empresas en nuestro proyecto ha supuesto la contratación de dos personas y 10.000 euros de financiación para la investigación”

Antonio José López es investigador del Departamento de Horticultura del IMIDA, el Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario, y acaba de desarrollar, junto con José Antonio Martínez Serna, el primer protocolo de cultivo in vitro de alcachofa ‘Blanca de Tudela’. La investigación, que ya ha encontrado financiación privada, mejorará la calidad de una variedad propensa a enfermedades y que genera pérdidas de productividad a las empresas murcianas del sector.

El protocolo de cultivo in vitro que has desarrollado junto con José Antonio Martínez supondrá en parte un alivio para las empresas dedicadas al cultivo de la variedad de alcachofa Blanca de Tudela, propensa a generar enfermedades. ¿En qué consiste?

Se trata de un protocolo para la propagación de variedades de alcachofa que hace que la planta pierda la carga contaminante que pueda llevar. Ese protocolo conlleva varias fases: desde buscar la planta madre en el campo, hacer el cultivo in vitro y, finalmente, entregársela a la empresa.

El proyecto empezó hace unos tres años porque queríamos introducir en España nuevas variedades de alcachofa italiana y francesa, como son Romanesco, Calico y Salambo. Ese material vegetal es difícil obtenerlo en origen, así que una solución es tener nuestros propios recursos de plantas, por lo que seleccionamos varias plantas de esas variedades y las propagamos por cultivo in vitro.

A raíz de eso nos dimos cuenta de que había bastantes problemas con la variedad española, Blanca de Tudela, porque se propaga vegetativamente y arrastra muchas enfermedades. Eso hacía que muchas plantas no nacieran y que hubiera pérdidas de productividad, produciendo hasta 4.000 kilos menos por hectárea en algunas zonas de cultivo. Por eso, nuestro protocolo les ha interesado mucho porque se obtiene una planta saneada, sin enfermedades y se comporta mejor vegetativa y productivamente. Además, el agricultor tiene mercado para la alcachofa y se podría comercializar durante todo el año si conseguimos adaptar los ciclos.

 ¿Y por qué se eligen esas variedades en concreto?

Porque son las que se exportan, tienen mayor peso y un color diferente. Son variedades que gustan mucho en Italia y Francia, con lo que tienen una capacidad de exportación muy grande, y eso es una buena salida para el sector productor porque el producto que se exporta se suele vender con un margen de beneficios mayor que a nivel nacional.

El proyecto que habéis desarrollado ha encontrado su hueco en el mercado. En concreto, ya estáis trabajando con el grupo Cricket, Frutas Esparza y Olé. ¿Qué va a suponer la participación privada?

Las empresas soportan los gastos de dos técnicos de laboratorio y el material fungible para la producción de la planta in vitro. A cambio, cada una de ellas va a recibir plantas producidas en el IMIDA y, posteriormente, se encargarán de hacer una valoración comercial del producto en fincas propias.

 Veo que la colaboración entre investigador y empresa es, por tanto, fundamental.

Sí. La colaboración entre el sector público y privado empieza a funcionar. Yo he encontrado a estas empresas interesadas en mi proyecto gracias a mi participación en el Laboratorio de Óptica Empresarial, organizado en el Parque Científico de Murcia. Ellas tenían la necesidad de un material vegetal de calidad y nosotros teníamos la herramienta para producirlo, así que ha sido un encuentro perfecto.

Para que se propicie esa colaboración entre empresa e investigador se insiste en que éste debe cambiar la forma de trabajo, orientando sus investigaciones a las necesidades del mercado, para que sean útiles y vendibles. ¿Se ha completado ya ese cambio de mentalidad?

Hay un hándicap. A mí, como investigador, me evalúan por publicaciones, estancias en el extranjero, patentes… Tengo que presentar una serie de proyectos que a nivel académico son buenos, pero a nivel práctico no se valoran. Lo ideal es hacer proyectos que sean muy buenos a nivel aplicado, sobre todo teniendo en cuenta que mi trabajo en el IMIDA se centra en investigaciones aplicadas al sector agroalimentario. Este proyecto, científicamente puede que no tenga mucho valor, pero a nivel aplicado ya tenemos el respaldo de tres empresas.Antonio IMIDA 2

 ¿Y Cómo se puede solucionar ese equilibrio?

Por una parte, que se reconozca el nivel de aplicabilidad de los proyectos científicos y, además, que se valoren los convenios con empresas.

 ¿Acceder a la financiación resulta más sencillo si se propicia esa colaboración investigador-empresa?

Por supuesto, y es a lo que se va a tender. Las convocatorias públicas son cada vez más restrictivas y competitivas, destinadas a proyectos punteros, pero que en muchas ocasiones no se aplican. Sin embargo, otros proyectos con muchas más capacidades de aplicación se quedan en el cajón por falta de financiación. Por eso, recurrir a las empresas directamente y ofrecer nuestro trabajo se está convirtiendo en una faceta de nuestra vida cada vez más habitual. Antes era impensable. De hecho, aún hay investigadores reticentes a llamar a las empresas o reunirse con ellas porque se consideran parte de una élite, pero hay que pensar que esas empresas, en el futuro, pueden asumir el coste de tu investigación. En nuestro caso, por ejemplo, ha supuesto la contratación de dos técnicos de laboratorio y 10.000 euros de financiación para un período de tres meses.

 Lo que habéis desarrollado no es una tecnología sino un protocolo, pero eso también es innovación.

Sí, totalmente. Las empresas preguntan mucho cuánto tiempo va a tardar un proyecto o cuánto les va a costar, y normalmente quieren resultados inmediatos. También tienen que cambiar la mentalidad y saber que invertir en I+D+i es invertir a medio y largo plazo, sin creer que estas tirando el dinero sino sabiendo que vas a ser más competitivo.

 ¿Económicamente qué les va a suponer a las empresas la aplicación de vuestro protocolo?

Con el mismo gasto de recursos van a tener plantas que crecen entre 20 y 30 centímetros más que la planta de alcachofa normal, serán más longevas productivamente y se gastará menos en tratamientos fitosanitarios. El coste de la planta, evidentemente es más elevado. Sobre unos 18 céntimos más.

Uno de vuestros siguientes proyectos se basa en la mutación genética de cultivos. ¿Qué supondrá para los cultivos?

Ahora que tenemos los protocolos in vitro optimizados, estamos iniciando un proceso para obtener nuevas variedades de alcachofa mediante técnicas de mutagénesis inducida. Se trata de provocar variabilidad genética en el cultivo in vitro de la planta para mejorar su productividad, precocidad, resistencia a la salinidad o resistencia a enfermedades.