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LA RECETA DEL ÉXITO DE JOAQUÍN PARDO, UN EMPRENDEDOR DE 150 AÑOS: CALIDAD, INNOVACiÓN, FORMACIÓN

El concepto de emprendedor comenzó a usarse en Francia en el siglo XVIII, en referencia a los aventureros que viajaban al Nuevo Mundo a la búsqueda de oportunidades. Se trataba de genuinas odiseas empresariales donde los audaces emprendedores no sólo se jugaban la hacienda, sino hasta la propia vida. Empezando por la misma travesía del Atlántico. El vocablo galo “entrepreneur”, se originó a partir del latín in/en (dentro, consigo) y prendere (coger/tomar). Es decir, llevar algo uno mismo, cargar algo a las espaldas. Paulatinamente, la lengua francesa fue aplicando el término a empresas variopintas como expediciones militares, para definir a profesionales como a los constructores de puentes y caminos, hasta llegar finalmente a definir la profesión de arquitecto.

El concepto de emprendedor (entrepreneur es el vocablo ordinario actual para ‘constructor/albañil’ en la lengua de Moliére) siempre llevaba aparejado el concepto de enfrentarse a la incertidumbre. ¿De que el barco llegara a su puerto? ¿De que el puente no se desplomara? ¿De terminar masacrado en una expedición militar? ¿De que las ventas en el supermercado no cumplieran con las previsiones anuales? ¿Emprendedores en el supermercado?

En este mundo digitalizado, de realidades virtuales, negocios crecidos al amparo de nubes (virtuales, claro), avatares de personalidades creados a golpe de bytes, resulta si no sorprendente, al menos aleccionador, encontrarse con una saga de emprendedores que abarca ya una cuarta generación cimentada en cualidades tan sólidas y tan antiguas como ofrecer un servicio de calidad, innovador, adaptado a la clientela, con personal formado y liderado por personas dotadas de una extrema intuición, capaces de adaptarse a las circunstancias más diversas y adversas. Y no, no estamos hablando de la última moda en Internet, ni de la última genialidad de un adolescente que conoce los arcanos de una oscura programación.

Joaquín Pardo tras el mostrador

Joaquín Pardo tras el mostrador

Se trata de un emprendedor, de una familia de emprendedores, para ser más exactos, que trata con bienes tan tangibles como latas de sardinas, (aceite de oliva fino, bidón de 5 litros, a 225 pesetas), jamones (“Al regresar todos se van con un jamón, y ¿usted?”) o la miel artesanal envasada por otro emprendedor, vecino y cliente. Y llamadas publicitarias tan directas y transparentes como ésta de 1966: “Calidad, economía y menos tiempo para comprar”.

Joaquín Pardo, de Supermercados Pardo, en San Javier, repite las tres palabras mágicas: calidad, servicio y amabilidad, que han propiciado que esta familia de emprendedores –la profesión ha tenido otras denominaciones a lo largo de décadas, sea la de tenderos, comerciantes, minoristas- pueda presumir, y no en vano, de ser el supermercado más antiguo de la región y, posiblemente, de toda España. “Creemos que somos, desde luego el supermercado más antiguo de la región, pero posiblemente de España, hay otra tienda en Huesca con la que nos disputamos el honor de esta veteranía centenaria”, apunta Pardo rodeado de fotos en blanco y negro de su madre en el mostrador original y otras de él mismo, ya en color, con la bata blanca de los colmados de los años sesenta.

En muchas de ellas aparecen jamones. Colgados del techo, en la mano, detrás de los dependientes, en la feria de Torre Pacheco. “Siempre ha sido un distintivo del supermercado, los embutidos. Ya en 1864 cuando abrió mi abuela Josefa, en la tienda de ultramarinos había un poco de todo, filosofía que hemos mantenido, era a la vez tocinería, cordelería, charcutería y quincallería”, afirma el veterano tendero que, tras largas parrafadas, siempre se las apaña para volver a su mantra comercial: “la calidad es la esencia de este negocio”.

Si para muestra vale un botón de que la calidad no es un término novedoso acuñado por gurús de escuelas de negocios norteamericanas o fabricantes de coches nipones, Joaquín Pardo desgrana anécdotas de los años 40 y 50 que terminan siempre con la invocación al secreto de su éxito y por ende de la saga familiar, que no ha sido otro que “hemos mantenido la calidad”. Ya que estamos hablando de calidad en general y de los embutidos en particular, Pardo muestra un listado de precios… de la campaña de 1934-35 de Sánchez, Romero y Carvajal (Teléfono nº 2) de Jabugo: Embuchado de lomo a 11,25 ptas. el kilo.

Esta insistencia de Pardo en la calidad se complementa con otro ingrediente tan destacado como antiguo para la receta del éxito en los negocios. ¿Se llama ahora innovación de procesos? ¿Innovación a secas? ¿Innovación abierta, cerrada? ¿Innovación de lineales y góndolas? Pardo no usa exactamente la palabra tan a la moda. Más bien habla de “adaptarnos en todo momento a la marcha del negocio”. Que para el caso es lo mismo. Parece difícil que se pudiera, de otra manera, aguantar 150 años tras un mostrador. Pasando por el doloroso intermedio de unos cuantos años, durísimos, con la guerra civil y, sobre todo, de las calamidades de la posguerra a las que Pardo se refiere con frecuencia durante la entrevista.

Innovación es, pues, la historia de un emprendedor que lleva 85 años con la incertidumbre de reinventar las oportunidades de negocios que se le presentan cada día al gestor de Supermercado Pardo que lleva anclado, eso sí, cerca de la costa, la friolera de 150 años. Aunque retirado, todos los días se pasa por las instalaciones, el negocio iniciado por su abuela Josefa que él heredó de su madre y que hace unos años ha puesto en manos de sus hijos. El local aunque ampliado y remodelado en numerosas ocasiones todavía conserva una cierta esencia de los colmados de antaño. Los espacios aprovechados al máximo con las crecientes referencias (“aquí no hay marcas blancas, aunque sí que tenemos nuestra propia marca, es más, procuramos, siempre que podemos, vender productos locales, como el vino que tenemos ahora mismo de Sucina”).

Dependientas en 1958

Dependientas en 1958

Toda la conversación es un libro abierto sobre la evolución del comercio minorista en España, empezando con la historia de una modesta tienda de ultramarinos hace siglo y medio, pasando por las dificultades de la guerra civil (“sobre todo de la inmediata posguerra”), precisa Joaquín, dotado de una excelente memoria para contar una y mil anécdotas. La conversación discurre en una estrecha oficina, en una mezzanina, con un ventanal que ofrece una vista casi panorámica del espacio de ventas. Apurando la metáfora, el capitán –retirado pero siempre alerta- sobre el puente de mando de un barco, inmerso durante 15 lustros en la aventura de aprender y reemprender una y otra vez. De innovar a fuerza de intuición, experiencia y coraje.

En este mundo de virtualidades varias, redes sociales múltiples y exitosos negocios nacidos hace un par de años, hay conceptos inmanentes a un negocio, a cualquier negocio, para mantenerse competitivo, que nunca desaparecen como el recién citado de la innovación, o por usar la terminología de Pardo, “adaptándonos al momento a la marcha del negocio”: “nos hemos puesto al último grito con la pescadería -se divisa al otro extremo desde el ventanal, por encima de las estanterías- ha costado tantos miles de miles de pesetas (ocasionalmente se le escapa la contabilidad en la antigua moneda), aparte de todas las condiciones higiénicas exigidas por la legislación, hemos puesto un sistema ultramoderno para evitar los malos olores, así como otros adelantos que ofrecen calidad y un mejor servicio al cliente”.

Tras la calidad y la innovación, Pardo insiste en otro aspecto que dice siempre le ha resultado eficaz para mantener el negocio familiar: la formación. “La formación de los vendedores siempre ha sido un aspecto que hemos cuidado mucho y es algo, desde la amabilidad en el trato hasta el conocimiento de los artículos, lo que hace que el cliente vuelva una y otra vez”. Desde el puente de mando, es media mañana de una jornada a principios de semana, se observa como los compradores comienzan a animar la sala de ventas. Se percibe público de cierta edad, estamos fuera de temporada turística, “también vienen bastantes extranjeros”.

Joaquín Pardo en la actualidad

Joaquín Pardo en la actualidad

Joaquín vuelve al asunto de la formación con sus maestros de hace… 50 años. “Yo ya iba a conferencias que daban Pepín Fernández, de Galerías Preciados y Ramón Areces, de El Corte Inglés, en un hotel de Madrid. De allí sacaba ideas que, adaptadas a nuestro entorno más específico, nos servían para aumentar las ventas. Y todas las oportunidades comerciales eran buenas. En el año 1970 se inundó la tienda, así que lanzamos con éxito una campaña publicitaria en La Verdad: “Se inundó el supermercado Pardo, gran liquidación”.

Los anuncios en prensa escrita han sido una herramienta muy popular en otra época que Pardo ha usado con profusión. Enseña el álbum con numerosos recortes de prensa. Sencillos pero efectivos, sin muchos vericuetos, con una notable insistencia en el precio: ‘3 botellas de champang Gasfdº, 110 Ptas. Supermercado Pardo, San Javier’, hasta la Oferta del Milenio (jamones, por supuesto). “En nuestro caso la parte de embutidos y carnicería siempre ha gozado de un gran prestigio y ha sido uno de los puntos fuertes de venta por la cual nos conocen muchos clientes”, remacha este veterano emprendedor.

Pero con 85 años la innovación no se ha parado. Un local anexo al párking está destinado, para en próximos meses, poder ampliar el local y ofrecer un servicio mejor al cliente, mientras que los hijos amplían el negocio en La Ribera y desarrollan otros planes de expansión. Manteniendo los cimientos que le han mantenido anclado en el mismo sitio desde hace cuatro generaciones: calidad, innovación, formación. En estos tiempos de Mercadonas, Carrefoures y similares, la singladura de un emprendedor que lleva 150 años al frente de un negocio, modesto en dimensiones pero sólido, innovador como el que más, tiene tanto o más mérito que el de los aventureros que se embarcaban camino de las Américas.