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THE ROYAL CRAFTS STORE, JÓVENES EMPRENDEDORES DESDE EL RANERO (MURCIA) A VERONA Y PRAGA

Hay muchas profesiones que son rigurosamente vocacionales, otras lo son menos. Entre las primeras, la enseñanza y los negocios requieren que a uno le salgan de dentro, de las tripas. Resulta muy complicado enseñar o hacer negocios si no se hace con genuino convencimiento. Con cabeza, pero también con corazón. Este espíritu vocacional, sea del docente, sea del emprendedor, en la mayoría de los casos suele ir acompañado del entusiasmo. Miel sobre hojuelas. Este cóctel vocacional, aderezado con un buen chorro de entusiasmo es lo que ha propiciado que los alumnos del tercer ciclo del C.E.I.P. Reino de Murcia, en El Ranero, un barrio de la capital, se hayan iniciado en el aprendizaje de los negocios en las aulas o quizá haya sido al revés, a través de la enseñanza han llegado al mundo de los negocios.

El “alma mater”, en el sentido literal, del proyecto, ha sido su profesora, la “seño” Gertru Navarro: a principios de curso, a invitación del padre de uno de los alumnos, nos pareció que el proyecto encajaba muy bien en la formación para los chicos de 10 y 11 años. Era algo muy novedoso en el centro, planteaba retos asumibles por los alumnos y, además, complementaba parte del curriculum escolar, como por ejemplo, las manualidades o Educación para la Ciudadanía.

 Aunque los padres rápidamente se mostraron tan entusiasmados como la “seño” y los propios alumnos, los inicios, durante el otoño, no fueron fáciles. Al ser una propuesta novedosa, la propia maestra tuvo que aprender. Incluso seguir un curso de metodología que el Instituto de Fomento (INFO), como coordinador del proyecto EJE-EME, ofrece a los profesores que se inician en la tarea del aprendizaje para iniciar a los escolares en los negocios.

Los chicos se lanzaron de cabeza en el proyecto. Demasiado deprisa, incluso. La iniciación al emprendimiento empresarial requiere una preparación y una gestión rigurosa de las diferentes etapas. Ganas y voluntad, sí, son requisitos imprescindibles para ser un buen emprendedor. Pero también son tan o más importantes, la reflexión, los planteamientos comerciales, los análisis financieros, por modestos que sean, los requisitos legales (la cooperativa que formaron se constituyó con todo el papeleo, que no es poco, requerido por las autoridades competentes) y una estrategia tan necesaria como imprescindible.

En palabras de la profesora el entusiasmo de los niños se templó rápidamente en la primera prueba de venta que hicimos, en el mercadillo de Navidad. Se habían lanzado a la elaboración de productos manuales, pero resulta que la venta de ciertos productos depende de las estaciones. No es lo mismo vender abanicos, aunque estemos en Murcia, que bufandas de lana en diciembre. No hay nada como estar enfrente de un cliente para percibir lo que se le puede vender”.

Para entonces, en un contexto rigurosamente democrático que la profesora subraya con énfasis, la cooperativa estaba legalmente constituida: estatutos, NIF, denominación, requerimientos legales y, no menos importante, los cargos elegidos entre todos, desde presidente hasta tesorero, pasando por el departamento de producción, comunicación, calidad (¿cómo vender un artículo si no ha pasado antes un control de calidad?). Y el de marketing, departamento que rápidamente advirtió que “hay que fabricar abanicos negros, a las señoras mayores no les gustan los blancos”.

No sólo se trataba de aprender. Durante los meses que pasaron hasta la puesta en venta de los productos, lo más aleccionador fue el trabajo cooperativo desarrollado. Entre unos y otros se pusieron de acuerdo para saltar la verja del colegio, en sentido metafórico y con espíritu emprendedor. Así que se propusieron, como se suele decir en el argot comercial, patear la calle. Próximo destino,  el mercado del barrio, como cualquier otro tendero de los que acuden cada jueves a El Ranero. El contacto con la vida cotidiana les puso cara a cara con la realidad: se dieron cuenta de lo que los consumidores necesitaban.

Sea o no uno de los objetivos prioritarios del proyecto EJE EME, lo cierto es que, según la profesora, “el proyecto ha aportado, desde el punto de vista académico, enseñanzas muy útiles, especialmente el impulso de la colaboración entre todos, el contacto con la vida real, lo que no les ha venido nada mal porque están, en mi opinión, excesivamente protegidos (“algunos niños no durmieron la víspera del mercado”) y, sobre todo, ha revelado las habilidades que muchos de ellos tienen, algunos quizá no son brillantes desde el punto de vista escolar, y sin embargo, apuntan a excelentes emprendedores”.

Otra lección raudamente aprendida, otra ley básica del mercado: el precio es esencial. Así que los chavales se vieron obligados a que, si querían obtener beneficios, tenían que vender a un precio razonable, sin que estuviera muy por encima de los costos de la materia prima que usaron. Vender con algún rédito o no vender: ‘that was the question’. Hicieron libretas, imanes, llaveros -bajo la marca The Royal Crafts Store- pero si el material que usaban era demasiado caro, no podían venderlo. Para ser precisos, no se lo compraban. Así que rápidamente se dieron cuenta de que el equilibrio entre costo de producción y de venta era esencial.

Y como buenos emprendedores, los alumnos del Reino de Murcia también se convirtieron en pioneros. Entre las decenas de colegios que a lo largo y ancho de la región participan en el proyecto, ellos han sido los primeros que, cumpliendo la legalidad vigente, estuvieron presentes en varias ocasiones en el mercado de El Ranero. Rápidamente entendieron que esa legalidad vigente, haciéndose eco de la queja tan repetida de empresarios más adultos, no resulta fácil de cumplir. La simplificación administrativa es una batalla permanente para empresarios curtidos, como lo fue para los noveles emprendedores del “Reino de Murcia”. Afortunadamente, ¿no se dice que en el mundo de los negocios, que disponer de buenos contactos es esencial? a través del padre de la madre de un alumno de… etc. llegaron directamente a los responsable directos del Ayuntamiento de Murcia quienes les facilitaron la laberíntica labor administrativa. Lección aprendida: contactos, contactos y más contactos.

Y la enseñanza primordial, más allá del precio, la calidad del producto y de los permisos administrativos fue un hecho tan elemental como insoslayable: sólo se puede vender lo que se compra. Así que los alumnos, que en un primer momento se lanzaron a fabricar a diestro y siniestro, apoyados en sus habilidades en las manualidades, rápidamente se dieron cuenta que no todo era vendible, bien porque a los clientes no les interesaba, bien porque los costos de fabricación no les dejaban ningún beneficio. Ningún buen emprendedor se puede permitir el lujo de vender a pérdida.

Ni que decir tiene que el espíritu emprendedor se exalta cuando las ventas van viento en popa y se hace caja. Así que cuando el tesorero les comunicó, una vez celebrado el primer mercadillo, que en la cuenta habían entrado 100 euros -el capital social puesto por cada uno de los cooperativistas había sido de 2- el ánimo empresarial de los chicos se incrementó exponencialmente. Para eso se crean las empresas, para ganar dinero.

Como cualquier empresa que cuida de su capital humano, en la cooperativa escolar del Reino de Murcia, los empleados, en este caso cooperativistas, fueron incentivados por su excelente labor realizada. Con parte de las ganancias y, eso sí, una aportación paternal/maternal, se fueron de excursión a Terra Mítica. No sin antes filtrar los beneficios recibidos por el tamiz de la responsabilidad social: parte de los mismos fueron donadas a una asociación local contra el cáncer de mama.

Pero a este proyecto empresarial, sin duda, le faltaba algo: vender en el extranjero. La guinda en el pastel fue la internacionalización del proyecto. Lo que ocurrió en Bolonia donde Gertru Navarro acudió en el marco del proyecto Leonardo. Allí despertó el interés de la Cámara de Comercio de Verona a fin de implantar un proyecto similar en la ciudad de Romeo y Julieta. Lo mismo que manifestaron representantes de Lituania (capital ???) y Bulgaria (capital ???). ¡Ojo¡ que no estamos hablando de una empresa centenaria, sino de una modesta cooperativa escolar nacida con espíritu tan didáctico como emprendedor en un barrio de Murcia. No satisfechos con este primer pinito de internacionalización, otro profesor  del CEIP extendió la buena nueva hasta en la mismísima Praga.

Todo ello hace que la seño Gertru ya esté, ahora con mucha más experiencia y conocimientos por parte de los alumnos, pensando en septiembre, cuando pondrán en marcha el siguiente proyecto emprendedor. “Los chavales han demostrado que son capaces de resolver problemas de la vida diaria, sin recurrir de manera constante a los padres o profesores –bueno, un poquito sí, de vez en cuando- el grado de maduración y los conocimientos que han obtenido con el proyecto son admirables, tanto desde la perspectiva escolar, como no menos importante, para la vida de cada día